miércoles 1 de febrero de 2012

DIOS

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Después de veinte largos minutos creo que, Dios, es una página en blanco.

Observo los ojos cerrados de mi hija, dormida en mi regazo. Sus labios dejan pasar, suavemente, el aire que entra y sale de su cuerpo en pausada respiración y los dedos de su mano derecha siguen cerrados alrededor de mi cabello que acaricia, con gesto inconsciente, en su lento traspaso al mundo fantástico de los sueños.

Y veo a Dios en ella, en ese sentimiento inexplicable que me inunda, que me llena y me desborda, un amor sin condiciones.

Saco de mi memoria el archivo desordenado de momentos sin etiquetar, sin enumerar, sin clasificar en el tiempo, reflejos de instantes, lapsus inacabados, flashes que han quedado almacenados y que trepan por mi consciencia sin ningún tipo de lógica.

Flota en mi retina el recuerdo de la mano vieja y marchita, repleta de arrugas, ausente de carne y temperatura, temblorosa, imprecisa, que intenta elevarse hasta mi rostro en uno de sus últimos viajes y que me provoca, otra vez, un doloroso golpe en el estómago por la realidad de su ausencia.

Y veo a Dios en esos ojos desenfocados y vacíos que presentían mis lágrimas, mientras cogía con fuerza su mano y la apretaba en mi mejilla, mojándola, llenándola de besos.

Efímera. Eterna.

Veo sin ver y siento el agua del mar envolver mi cuerpo en susurros de olas que me mueven a su compás mientras el sol cae en una explosión de rojos y amarillos, naranjas y rosados. Me siento pequeña y frágil, agua entre agua, ojos cegados de luz.

Y veo a Dios en el movimiento imperceptible de la Tierra, la hermosura de sus elementos, la grandeza que me rodea y me mece controlando su fuerza para no aplastarme.

Hace calor. Una capa de sudor pegajoso es la culpable de que sienta cada poro de mi cuerpo, incitando mis manos a perderse en él. Unos ojos. Otras manos. Un aliento en mi aliento, en mi cuello, en mi sexo. Una lengua. Un sueño que lleva a otro sueño, una hoguera que enciende un fuego, límite de lo prohibido, pecado, lujuria y la realidad que llega.

Y veo a Dios en la libertad de moldear sueños y darles forma, en el dolor de la culpabilidad, de la responsabilidad, de la necesidad de vivir y poder perdonarme por hacerlo.

Cientos de imágenes por minuto. Veloces. Implacables. Me gritan que soy inhumana como todos los humanos. Muertos. Sangre. Miseria. Horror. Injusticia. Hambre. Ausencia de sentimientos.

Y el mundo se hace más grande, rueda más deprisa y da golpes cuando antes acunaba. Su hermosa grandeza es un vertedero que apesta y las manos que se elevan se aplastan con la misma facilidad que el fuego arrasa.

Y yo, impasible, veo a Dios en todo ello.

DIOS

Cuatro letras centradas, en mayúscula, negrita y subrayadas que he escrito hace una hora en la primera línea de una triste página en blanco.

martes 14 de septiembre de 2010



Érase una vez, un niño que vivía en una pequeña ciudad con mar. Cada día, cuando se ponía el sol, los lugareños veían al niño correr por la playa buscando conchas.
Llevaba una bolsa naranja con su nombre bordado bajo un dibujo de un caracol y las letras "Mi merienda" ya descoloridas del uso.
En su frenético ir y venir como las olas, encontraba, cogía, observaba, elegía o tiraba sin piedad las conchas que más le gustaban y, de aquellas, se enamoraba y las guardaba celosamente en la bolsa tras darles un sonoro beso.
Al caer la noche, bajo la luz de la luna, el niño subía a las rocas del acantilado y se reía mirando al cielo. Cogía con las dos manos su bolsa cargada de conchas y la sacudía tirando su carga al mar.
Con la última concha llegaba el silencio. Gruesas lágrimas corrían por sus mejillas y se adivinaban, más que oían, sus sollozos al ver cómo se estremecía aquel pequeño cuerpo que desafiaba la noche.
Un día y otro día, una estración tras otra. Siempre era el mismo ritual, siempre era la misma historia.
Cuentan que su madre era una loca. Hacía collares con conchas que luego vendía a los turistas. Con ello sobrevivían en una fea y sucia casucha, hecha de paneles, en los huertos junto a la carretera de la costa. Amaba a su hijo por encima de todas las cosas y le contaba extraños cuentos de seres que habitaban en el fondo del mar. Le decía que cuando lograra encontrar el camino a ese lugar de ensueño, serían ricos. Porque lo que más les gustaba a esos seres eran los collares de conchas y ella los haría con las más bonitas que encontrara en la playa.
Un día de bebida y alucinaciones, la loca se fue mar adentro para regalarle un collar al príncipe del mar. Eso le dijo al niño. Eso y que si no volvía era porque el príncipe se había enamorado de ella y quería que se quedara a vivir en su palacio para que pudiera hacer collares, vestida de azul y perlas.
"Si así ocurre, mándame conchas todos los días hasta que pueda venirte a buscar"
No volvió.
Una tarde de invierno, mientras los pescadores plantaban sus cañas, oyeron el rumor de las olas y el silencio del aire. Ni gritos, ni risas, ni besos. Fueron llegando a la playa las gentes del lugar y entre susurros corría una misma pregunta: "¿alguien ha visto al niño de las conchas?"
Nunca lo volvieron a ver, ni su cuerpo apareció en la orilla.
Dicen que su madre lo vino a buscar y se fue con ella al palacio del príncipe.
Lo que sí es cierto y yo puedo afirmar es que por las noches se oyen risas al estrellarse el mar contra el acantilado y nunca, por más que he buscado, he logrado encontrar en esa playa una bonita concha con la que hacerme un collar.

miércoles 10 de diciembre de 2008

TU NOMBRE EN GRIS




Me he levantado en un día oscuro, gris i muerto.

Las gotas livianas mecidas por el viento mojan, frías i lacerantes como puntas de aguja, las calles todavía dormidas.


Cuesta levantarse cuando no hay razón que te impulse a ello
Con la lentitud de los días lluviosos dejo la cama, autómata, pongo la cafetera al fuego y se queda mi mente en blanco esperando su ronco gorgojeo.


Salgo a la terraza, con la taza de café en las manos, para respirar el frío que calme la nostalgia provocada por saberte lejos.


No he soñado esta noche, tal vez no lo recuerde porque hay sueños que no merecen la luz del día y se pierden en las horas que transcurren entre el cerrar y abrir de los ojos. Pero, si algo siento allá en el fondo del estómago, apretando con fuerza mi angustia, es que en ese intervalo de tiempo, estabas tú. He notado tus lágrimas en mi garganta y tu grito arañando mi consciencia que suplicaba despertar.


No hay manos rozando mi piel ni sombra en mi espalda que me proteja de caer en el abismo. No existe lengua en mi boca, ni en mis pechos, ni en mi sexo, no existen mas que en mi anhelo que torturo recordándote una y otra vez.


La soledad más infinita, el cansancio más profundo, el deseo aletargado entre capas de ausencia.


Todo tiene tu nombre.


Se me pierde la mirada en el horizonte tan borroso y cerrado como mi vida, no hay más allà tras la cortina de lluvia como no hay mañana ni hubo ayer, monotonía sin fin, notas inconexas en un pentagrama sin sentido.


Me obligo a bajar la vista, ajena observadora en la realidad de otros y trazo líneas imaginarias repasando sus pasos que se entrecruzan, chocan, se separan, se unen, formando un dibujo abstracto, ilógico, que me produce ansiedad.


No me atrevo todavía a saltar al vacío, quizá mañana si sale el sol.



martes 16 de septiembre de 2008

Un descanso en el camino...



A mis amigos...a los que entráis aquí alguna vez:
dejo mi blog en estado de hibernación.
Tal vez vaya entrando a visitaros, a leeros...seguro, porque me resulta difícil separarme de vosotros, de vuestras vidas en palabras.
Estoy saturada y necesito centrar mis pensamientos o, tal vez liberarlos, dejar espacio para la cotidianeidad y la rutina diaria.
Os dejo mi cariño, ese que os habéis ganado a pulso ofreciendo pedacitos de vosotros mismos.
Un abrazo.
Hasta siempre.

jueves 4 de septiembre de 2008

PIEL


Es un comentario mío hecho en el post Piel del blog de Nacho Hevia en respuesta a las bellas palabras que escribió.




Hay veces que no se puede contemplar una vuelta atrás.

Veces, que una caricia libera emociones contenidas,

sentimientos fuertementes sujetos.

Y te desbordas

y te fundes

con el contacto correspondido.

miércoles 3 de septiembre de 2008

SETA


















Me siento como una seta.

Estoy bloqueada.


Impasible.


Estática.


Hueca.


Sosa.


Bah.

viernes 29 de agosto de 2008

PARÍS...
























La Tour Eiffel desde arriba y desde abajo



La opulencia de los almacenes La Fayette y la Ópera




Me encantó!!!



El mundo Disney...cada uno que sienta lo que quiera.